Más de 50 años te da para mucho. Como dice el gran Leo Harlem, el humorista leonés pero afincado en Valladolid, “yo he salido más noches que el camión de la basura”. Y esto es así. Soy de una generación que no se quedaba en casa casi ninguna noche. Es cierto que no había tanto cachorro electrónico como hay ahora y además, la programación de la televisión, era limitada. Pero entre lo que yo hacía, y lo que hacen los jóvenes de hoy en día, creo que hay un tono medio.
Y es que lo veo todos los días que vuelvo para casa después de trabajar, sobre todo los viernes. Lo de salir de fiesta ha cambiado mucho. Y como suele pasar en la sociedad actual, muchas veces no es para mejor. También cantaba el gran Bunbury, se puede ver que soy muy mitómano, “las cosas cambian”. Y está claro que lo de salir de fiesta ha cambiado por completo. Y me atrevo a decir que en muchos aspectos para peor, pero también es cierto que en otras para mucho mejor.
Como os digo, no se puede ser tan cafre como cuando yo salía, que nos metíamos 10 en un Opel Corsa, pero tampoco se puede estar en un bar mirando el móvil todo el rato.
La mentalidad
Creo, y es lo primero que os quiero contar, que la mentalidad ha cambiado. Y en este aspecto creo que a mejor. Ahora mismo hay mucha más consciencia sobre el consumo. Mucha gente ahora cuida más cuánto bebe o consume en general. El concepto de “salud mental” y “bienestar” pesa más y creo que antes se hacían muchas barbaridades.
Incluso, y como dirían los de Pantomima Full, ahora se llevan las fiestas de tranqui. Es decir que se han puesto de moda los planes más chill, tipo “pre con amigos y a casa temprano”, o incluso fiestas sin alcohol. Ahora bien, para esto que a mí no se molesten en llamarme.
Redes sociales
Lo que no me gusta de salir ahora de fiesta es lo de las redes sociales y las nuevas tecnologías. Que si voy a hacer unas Stories y unos TikTok. Ahora la gente lo documenta todo, nada se queda en la memoria. Parece que si no lo pones en tus redes no has salido. Así que para esto tampoco me llames.
Nuevos inventos
Incluso ya no se paga con dinero, ahora se hace Cashless. Es decir, pagar con el móvil o QR en la entrada o en la barra es la norma ya en muchos sitios. Otra cosa que aborrezco.
También están los inventos que están llegando a las discotecas. El otro día flipe cuando me enteré de que la empresa Bassos, ha creado los vasos para salir de fiesta o estar en discotecas que no se rompen. ¡Vaya idea buena! La de disgustos que nos hubiéramos evitado hace años, porque todo empezaba con un “es que me ha roto el vaso”.
Estos vasos para discoteca y eventos están diseñados para tener una larga vida y ser sostenibles con el medio ambiente. Una inversión rentable a medio y largo plazo, la verdad es que es un gran invento, digno de este siglo.
Ligar
Y luego está lo de ligar. Nosotros salíamos para ligar. Así de claro. Pero claro, ahora hay apps para ligar. Antes era más común conocer gente en la pista, ahora muchos ya van con “match” hecho. Y esto es algo que yo no voy a entender nunca. No exagero cuando he visto a algunos que querían ligar y estaban en la misma discoteca, pero se escribían por el móvil. Como os lo digo.
Música
Otra cosa que no puedo aguantar es la música. Ahora todo suena igual. Aunque hay más diversidad de estilos, o eso dicen, a mí todo me suena igual. Desde reggaetón hasta techno underground, hay más subculturas mezcladas y todo convive más.
Y sí, ahora hay menos discotecas, pero a cambio se ha puesto de moda lo de hacer más eventos temáticos. Aquí podemos incluir festivales, raves, fiestas privadas o en casas se han vuelto más comunes que la disco de siempre.
El precio
Y aquí llegamos a donde más me duele. El famoso precio. Y es que sí, no es una leyenda urbana, soy de una generación que salía con 5.000 pesetas (unos 30 euros) y le daba para tomar algo antes de cenar, cenar, ir a la discoteca, tomarse copas e incluso para coger un taxi que te llevara a casa. Ahora esto es imposible. Y salir de fiesta viene a ser gastar unos 100 euros. Todo está mucho más caro y solo hay que comparar precios.
Es decir, para los de la generación EGB, unas 16.000 pesetas. ¿Te imaginas gastando esto hace años? Yo tampoco.