El masaje tántrico combate el estrés.

Masaje

Someterse a un masaje es una práctica cada vez más habitual entre la población. En este artículo te vamos a hablar de uno de los masajes más desconocidos, el masaje tántrico y de cómo nos ayuda a combatir el estrés y recargarnos de energía.

La práctica del masaje encaja a la perfección en el estilo de vida que llevamos. La presión a la que nos vemos sometidos, la hiperactividad, hace que nuestro cuerpo se sobrecargue y que nuestra mente se sature. Como una necesidad más o menos imperiosa necesitamos que el cuerpo se relaje, y reencontrar el equilibrio, físico y mental. Curiosamente, para regresar a la actividad frenética.

Existe una amplia variedad de masajes. Cada uno de ellos indicado para una situación o estado físico concreto. El masaje sueco reactiva la circulación de la sangre; el masaje descontraturante libera los nudos y contracturas que se forman entre los músculos; el masaje shiatsu equilibra la energía vital.

Por otro lado, desde un enfoque holístico, el masaje tántrico logra descargarnos de las tensiones acumuladas en el cuerpo, nos lleva a una situación de relajación intensa y reactiva la energía corporal mediante manipulaciones y presiones que se efectúan en puntos energéticos del cuerpo.

Aunque el masaje tántrico, tal y como lo conocemos en la actualidad, es un desarrollo relativamente moderno, bebe de un saber acumulado que se pierde en la historia. Basado en filosofías orientales que buscaban la armonía entre el cuerpo, la mente y el espíritu y la integración del hombre en el entorno natural del que forma parte.

A pesar de la antigüedad de sus fuentes, su aplicación práctica en forma de masaje ha resultado completamente efectiva para abordar problemas del mundo actual como los efectos del estrés sobre el cuerpo y la mente.

El estrés en la sociedad actual.

Aunque en el siglo XIV ya aparece la palabra “estrés” en algunos escritos sobre salud, que hacen referencia a dificultades y circunstancias que ejercían una presión física sobre las personas, no es hasta los años 30 del siglo XX, que el médico austriaco Hans Selye asienta el concepto para agrupar una serie de trastornos que compartían unos síntomas en común (agotamiento físico y mental, pérdida del apetito, etc.) Motivados por factores externos, al que el médico llama “agentes estresantes”, y por la respuesta con la que el cuerpo reacciona ante estas situaciones.

Es, por tanto, el estrés, un fenómeno nuevo que aparece en las sociedades modernas, las que se fraguan después de la revolución industrial. Y donde el productivismo, aumentar la producción exprimiendo al máximo los recursos disponibles, pasa a ser una tónica dominante en la economía, en la sociedad y en la vida.

Ya no solo ponemos las fábricas a pleno rendimiento para producir el máximo de bienes en el menor tiempo posible, sino que colocamos nuestro cuerpo y nuestra mente, en una gran cantidad de ocasiones, al límite de sus posibilidades para hacer frente a todos los compromisos que hemos contraído.

La web de la Dalhousie University señala que a día de hoy el “estrés” continúa siendo un término vago y ambiguo, en el que aglutinamos toda una serie de vivencias que producen en nosotros emociones desagradables: frustración, enojo, fatiga, excitación nerviosa autodestructiva. Sin embargo, todas estas situaciones comparten entre sí que se salen de la rutina habitual o que requieren un sobreesfuerzo extra de la persona.

Podemos pensar que el hombre termina acostumbrándose a estos cambios de intensidad o de sobreesfuerzo, que podemos adaptarnos y educarnos; sin embargo, como seres materiales, tenemos limitaciones físicas y el estrés, indudablemente, genera consecuencias negativas para nuestra salud.

Un masaje que bebe de la tradición milenaria.

Hemos dicho que el masaje tántrico nos puede servir para combatir el estrés, pero detengámonos un poco en ver de dónde procede.

El masaje tántrico procede del tantra. Un conjunto de prácticas y creencias milenarias de contenido espiritual que provienen de la tradición hindú. En sánscrito, tantra significa “tejer”, “expandir”. Versa sobre una serie de prácticas de meditación, relajación y respiración que buscan integrar diferentes aspectos de la vida y del cuerpo para expandir la conciencia.

Aunque algunos estudios indican que el Tantra proviene de una serie de textos que escribió Buda entre los años 480 y 400 antes de Cristo, otras fuentes señalan que los conceptos del Tantra ya estaban presentes antes en la religión hindú, en ciertos ritos practicados en la religión Bon, propia del Tíbet en la antigüedad, y en los orígenes del Taoísmo, que surge en la China antigua. Estos conceptos y prácticas, parecidos entre sí, terminan sintetizándose por la interrelación de la cultura de estos pueblos que no están muy distantes geográficamente unos de otros.

La revista Psicología y Mente indica que el Tantra es un conjunto de prácticas que nos ayudan a canalizar la energía propia para convertirnos en personas mejor equilibradas. Un camino que nos guía a centrar la atención en lo que pasa en nuestro interior, en lugar de despistarnos en lo que sucede fuera.

El masaje tántrico es, por tanto, una aplicación práctica de esta filosofía oriental. Comparte con otras aplicaciones modernas, como el Mindfulness, el despertar de la consciencia. Es decir, prestar atención al aquí y al ahora, a lo que está sintiendo nuestro cuerpo en el momento presente. Desterrando de nuestra mente otras ideas que nos impiden disfrutar de lo que estamos viviendo.

Al igual que estas otras aplicaciones, el masaje tántrico combina la respiración profunda y acompasada, la relajación y la atención plena a la información que recibimos a través de los sentidos.

Beneficios para la salud.    

Por supuesto, este masaje reporta grandes beneficios para la salud. Estos son algunos de los más destacados:

  • Reducción del estrés y la ansiedad. La respiración consciente, el ritmo pausado y los movimientos envolventes ayudan a disminuir la tensión nerviosa, promoviendo una sensación de calma y serenidad mental similar a la que produce la meditación.
  • Desbloqueo energético. El masaje actúa sobre puntos energéticos del cuerpo, facilitando la liberación de tensiones y la recuperación del equilibrio interno. Es útil en procesos de ansiedad, tristeza o bloqueo emocional. Aunque nos libera de tensiones físicas, también lo hace de ataduras mentales y emocionales. Despejando nuestra mente de ideas rumiantes que nos provocan desgaste físico e intelectual.
  • Mejora de la circulación y la oxigenación del cuerpo. Las maniobras lentas y profundas estimulan la circulación sanguínea y linfática, favoreciendo la eliminación de toxinas, la recuperación del cuerpo y el aporte de oxígeno a los tejidos. Esto permite una reactivación de la energía vital, sintiéndonos como nuevos y cargados de energía después de recibir una sesión de masaje.
  • Aumento de la conciencia corporal. El contacto consciente invita a reconectar con el cuerpo y a mejorar la percepción sensorial, lo que contribuye a una mejor postura, coordinación y relajación muscular. Todo ello, sin olvidar que nos ayuda a conocer mejor nuestro cuerpo. Es decir, a valorar y percibir las sensaciones que recibimos a través de los sentidos.
  • Promoción del bienestar integral. Más allá del alivio físico, el masaje tántrico genera una sensación de plenitud, felicidad y armonía interior, que refuerza el vínculo entre el cuerpo, la mente y  las emociones. Algo que nos hace sentirnos realmente bien después de recibir un masaje de este tipo.

Un refugio para la calma.

En la práctica del masaje tántrico todos los elementos se conjugan para provocar una relajación y desconexión del individuo. Así nos lo explican las facilitadoras tántricas de Masajes Belisa, un salón de masajes ubicado en pleno barrio de Salamanca de Madrid y especializado en masaje tántrico. Un centro con más de 15 años de experiencia, que se vanagloria de ser un refugio de calma, idóneo para desconectar de las preocupaciones diarias.

Las salas de estos centros de masaje están acondicionadas para permitir una desconexión sensorial total. Un tatami, luces indirectas de intensidad media baja, música relajante, fragancias envolventes. Un escenario idóneo para que el cliente se deje llevar y abra su mente a nuevas sensaciones.

Todo parte de una concepción holística, donde cada detalle suma para alcanzar esa armonía entre cuerpo y mente que persigue el masaje tántrico.

El estado natural del hombre, al igual que de todo el reino animal, es la calma. No la excitación o la tensión. Podemos apreciarlo al visionar documentales sobre naturaleza o, simplemente, al observar a nuestras mascotas.

Nuestros perros y gatos pasan la mayor parte del día tumbados, relajados. Solo se excitan cuando responden a un estímulo exterior intenso (el juego), cuando tienen que satisfacer necesidades básicas (alimentarse) o cuando sienten que se encuentran en peligro.

Los seres humanos nos concebimos a nosotros mismos como animales superiores. Hemos transformado la naturaleza para satisfacer nuestras necesidades, hemos creado sociedades complejas y civilizaciones. Pero, en el fondo, como animales, necesitamos la calma y la tranquilidad para procurarnos bienestar y desarrollarnos.

El masaje tántrico no es el único medio, pero sí es una herramienta efectiva para procurarnos esa calma que necesitamos para sentirnos bien, y para estar en armonía con nosotros mismos y con todo aquello que nos rodea.

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