Mundo de Tinieblas: Europa

Moderadores: Ekin, Janos Narov

Notapor Ekin el 02/01/2008, 21:33

Galerias en recuperación - Antiguas minas de Plata - Kongsberg - Noruega - 31 de Agosto de 2004 - 22:12


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Las viejos túneles escarbados en la roca podían tener cientos de años en algunos casos. La mina tenia en algunas partes laberínticas galerías que no se conocían al cien por cien, incluso ignorandose donde iban a parar. Nadie sabia a ciencia cierta la cantidad de túneles que había ya que los derrumbamientos habían sido frecuentes en algunas partes durante toda la historia de la mina. En la antigüedad los métodos para aguantar túneles habían fallado y muchas vidas se habían perdido. Era por eso que muchas partes de la mina se dejaron atrás olvidando la plata que pudieran contener ya que eran demasiado inseguras para trabajarlas.

La plata se había extraído con el esfuerzo de hombres y niños durante muchos años. Muchas vidas habían comenzado o acabado en aquellas galerías. El ruido de los martillos, los picos y las vagonetas había inundado el lugar durante muchos años pero ahora como espacio protegido de Noruega el lugar había tomado otro rumbo. Las minas ahora eran una especie de museo que enseñaba a los visitantes como se había trabajado en aquel lugar hacia mucho años. Se decía que era una evolución del lugar aunque la realidad es que no quedaba un solo gramo de plata que robarle a la fría piedra. Reconvertirse o morir y el ser humano se aferra con uñas y dientes a la vida como pocos.

Descendiendo por los túneles dos hombres, equipados de grandes linternas, realizaban una visita por las galerías. Kjell y Jan eran los dos encargados de las tarea de recuperación de la vieja mina. El gobierno los había contratado para que se encargaran del tema de la mina y tenían un contrato bastante importante. Todo había ido como la seda desde el principio pero ahora parecía que las cosas podían torcerse. Se estaban jugando mucho dinero y no era momento para flaquear. Tenían unas fechas y la inauguración de nuevas partes de la mina era en breve, así todo debía estar a la perfección, que lo estaba. Lo estaba salvo por...

- La verdad es que ha sido bastante raro. Un derrumbamiento mientras se trataba de asegurar una de las galerías mas antiguas. Al parecer el incidente ha sido a ultima hora y han detenido el trabajo. Rolf me ha llamado y he llegado sobre las nueve a las oficinas, luego me ha entregado esto.

Ruido...
Palabras...


Sin dejar de descender por la galería Kjell tendió a su acompañante un pequeño objeto que llevaba en el bolsillo. Jan agarro lo que su socio le ofrecía y tras detenerse lo examino a la luz de la linterna.

- ¿Que coño...?

Lo que tenia en la mano Jan no era un pedazito de plata, ni una trozo de pico, no era nada que debiera estar en una mina, no señor.

- Eso mismo he dicho yo Jan, eso mismo. - Continuo andando hacia abajo - Según lo que me ha dicho Rolf es un pedazo de cota de malla, una bastante antigua. Nadie venia a picar a la mina con una cota de malla, nadie. Esto es muy raro.

Olor...
Extraño...


Rápidamente Jan se puso a la altura de su socio mientras agitaba el pedazo de cota de malla en la mano.

- ¿Como que raro? Esto es imposible. ¿Que demonios pinta una cota de malla en una mina? Nada. Esto tiene que ser otra cosa que usaran los mineros, quizás parte de una herramienta o una protección. No iban a llevar una armadura en una mina, es estúpido e incomprensible.

Los dos hombres continuaron descendiendo hasta llegar al lugar del derrumbamiento. La zona estaba asegurada pero parte de la galería se había venido abajo, tardarían un par de días en dejar todo aquello limpio. Kjell se acerco a unos generadores y tras encender el compresor dio luz al lugar con los focos que estaban instalados para las obras.

- El alumbrado definitivo esta pendiente de terminar así que tendremos que conformarnos con esto. - Se acerco al lugar del derrumbe mientras apagaba su linterna - Como puedes ver parece que lo que había detrás de esta pared era otra galería, como si se hubiera derrumbado y sellado. Ahora al tocar los apuntalamientos ha salido a flote de nuevo.

Luz...
Movimiento...


Jan se encaro hacia la abertura que tenia ante el. Si aquello había sido una galería había sido hacia mucho, mucho tiempo. Se podía entrar de mala manera y poco mas, estaba todo lleno de cascotes y grandes bloques de piedra que deberían pesar varias toneladas. Mover y asegurar aquello les iba a costar a ellos mucho tiempo y al gobierno mucho dinero.

- ¿Donde se encontraron el pedazo de malla?

Aproximandose al lugar, y volviendo a encender la linterna para mostrar la zona recientemente descubierta, Kjell enfoco hacia un lugar que parecía mas accesible.

- A Rolf le pareció ver algo y se metió entre esas piedras. Apretándose consiguió llegar a coger el pedazo que estaba tapado por una gran roca. Dice que vio algo mas brillar levemente pero que no se la jugo a estar allí demasiado y que una piedra de cinco mil kilos le partiera por la mitad.

- Podríamos hacer como que esto no...

Sed...
Hambre...


Algo salio volando rápidamente del lugar donde estaban apuntando justamente con sus linternas. Los dos hombres se asustaron y retrocedieron rápidamente. Jan consiguió mantenerse en pie pero Kjell dio un traspiés y se desplomo. Un par de gritos y luego todo volvió a la calma.

- ¡¡Joder!! ¡Puto bicho de mierda! Que susto. - Se acerco a su acompañante y le tendió la mano - ¿Estas bien?

Aceptando la ayuda Kjell se levanto y se sacudió las ropas. Se toco levemente el costado mostrando un leve gesto de dolor.

- Todo bien, gracias. Menudo susto. Puto murcielago... - Mientras el mortal se agachaba para recoger su linterna razono rápidamente - Si ha salido un murciélago es que tiene que haber otra entrada. Quizás es una comunicación entre dos galerías o algo asi.

Levantandose para mirar a su socio el mortal se sorprendió. Jan estaba blanco como la leche mirando hacia donde se encontraban los focos. Parecía murmurar pero no se le entendía.

- Ja... mi... O Di...

Girándose Kjell pudo contemplar una enorme figura sombreada frente a los focos. No se le podía distinguir nada porque la luz los cegaba. Fuera lo que fuera hacia un minuto no estaba allí, ni por asomo.

- ¿Quien es usted?

La respuesta no fue la que se esperaba. Como un relámpago el desconocido se movió hacia ellos, avalanzandose como un lobo hambriento. Saciándose con la sangre de dos mortales alguien a quien se daba por muerto volvió a sentirse vivo. No sabia cuantos años había pasado allí pero ahora solo necesitaba sangre. La sangre lo arreglaría todo... todo...
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Ekin
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Notapor Apfelbaum el 15/01/2008, 18:11

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Miércoles 1 de Septiembre de 2004.
Afueras de Génova, Italia. 1:17h.


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Tras más de quince horas de viaje continuo por las carreteras de Polonia, Alemania, Suiza e Italia, Samuel Montcalm observó la calle en que se encontraba y después el papel en que había apuntado la dirección. Al ver que estaba en el lugar adecuado despidió a sus dos sirvientes con un leve gesto con la cabeza. Miró a un lado y al otro de la calle antes de cruzar la avenida de tres carriles casi desierta a aquellas horas. Miró su reloj, pasaban ya diecisiete minutos de la hora convenida, y volvió a echar una ojeada a su alrededor. Volvió a ver lo mismo, nada. Sin embargo, al volver la vista de nuevo hacia su reloj, oyó pasos tras él y seguidamente alguien se avalanzó a su cuello...

El cainita no tuvo ni que mirar hacia atrás, reconocía esa forma de comportarse y aunque en muchos otros momentos hubiera protestado ante esa muestra de cariño y confianza que tan extraño se le hacía en aquellos tiempos, esta vez se sintió sumamente reconfortado de sentir la energía vital de su chiquilla, quien probablemente fuera la única persona sobre la faz de aquel mundo en quien pudiera confiar, a quien el ventrue antitribu tuviera para charlar, o con quien pudiera verdaderamente reir o llorar. Eso era Elissa Gismerani para Montcalm. Eso, y mucho más.

Al verse, se limitaron a los habituales formalismos del "Hola qué tal" seguido del "Bien y tú" correspondiente, y siguieron hablando de banalidades varias, como si hacerse más de mil quinientos kilómetros en un sólo día fuera algo que careciera de importancia.

- Bueno, ¿y qué hay de nuevo por Cracovia?

Fue entonces cuando Montcalm supo que debía contarle lo que había sucedido, no porque ella tuviera que saberlo o necesitara de su ayuda o consejo, sino porque necesitaba desahogarse y contárselo a alguien. De hecho llevaba la mayor parte del tiempo despierto preparando las palabras exactas con que hacer algo digno y honorable el final de Las Cuatro Picas, sobre todo porque conocía de sobra la intención de Elissa de llegar a formar parte de dicha cofradía algún día.

Sin embargo, como todo en la vida, y la no vida no es en esto una excepción, cuando algo se piensa es mucho más sencillo que cuando se hace, y por eso en su cabeza estaba contar la historia de un digno combate según las normas y tradiciones del sabbat, a fin de mantener fuerte la secta y proceder a la "autoselección" de los más fuertes, tal y como mandan las normas. Pero en realidad Samuel se había arrepentido una y mil veces de aquello, del maldito momento en que decidió retar a su ductus y acabar así de una vez por todas con aquello que había sido su manada... y su no-vida entera. Así, lo que llegó a los oidos de Elissa no fue un relato épico o heróico, sino más bien un relato de arrepentimiento y justificación que probablemente por vez primera hacían asomar en Montcalm algo que demostrara lo que una vez en el pasado fue, un ser humano.
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Notapor Janos Narov el 18/01/2008, 02:33

Edificio Kotelnicheskaya Naberezhnaya, Moscú, Rusia. 1 de Septiembre de 2004, 23:16

Las luces de neón siempre le habían resultado desagradables. Ásperas, dolorosas. No era la luz del sol, desde luego, y él no era un Lasombra para esconderse de la luz por los rincones, pero el neón tenía una cualidad artificial, fría, que le disgustaba. Le recordaba al brillo de las placas de hielo sobre el Neva, allá en San Petersburgo. Algún día volvería a San Petersburgo, y esta vez no sería como caballerizo, sino como señor.

Pero eso ahora pertenecía al mundo de los proyectos futuros. El Priscus Eli Dragsky se detuvo en el vestíbulo, rodeado de los suyos, sus Carniceros de Moscú, y se ajustó la corbata del traje en el espejo del recibidor, blanquísimo como una imagen del Más Allá, con sus azulejos color de nieve, sus sillones de cuero blanco, y sus leves toques de cristal y dorado. Allí, la media docena de Sabbat con sus trajes oscuros y sus rostros salvajes, Tzimisce, Brujah y Nosferatu, parecían blasfemias, manchas de barro en la pureza nívea del salón.

Solo Dragsky cruzó la puerta. La habitación del otro lado estaba menos iluminada que la antesala; ya no dominaba el blanco puro, sino la madera oscura y antigua. Bajo los pies del Priscus, una densa alfombra de Astracán, y al otro lado de la misma, un pesado escritorio de nogal. A su derecha, en torno a una chimenea apagada, un sillón de cuero, vacío, y dos sillas, altas, rectas, sólidas, e incómodas. En una de ellas, su anfitrión.

Huroff, Patriarca y Zar de Todas las Rusias, Cardenal para el Sabbat, le clavaba unos ojos de hielo azul oscuro, medio ocultos bajo unas cejas espesas y negras, salpicadas de canas, análogas al enorme bigote que escondía la mitad inferior de su rostro. En contraste con el traje oscuro de Dragsky, vestía un anticuado abrigo de piel hasta los tobillos, y había un gorro cilíndrico, típico de Rusia, sobre una mesilla baja. Lentamente, con dignidad, Huroff se levantó para recibirlo.

Ambos eran aproximadamente de la misma estatura, aunque muy distintos. Donde Huroff transmitía energía contenida y autoridad, Dragsky, aunque más fornido que él, daba la impresión de un poder evasivo, impredecible. Su rostro parecía hundido bajo la densa y espesa barba que le cubría el pecho, resaltada por la calva que alcanzaba la coronilla, mientras que la cara de Huroff parecía reforzada por el recio bigote. El uno era mano de hierro y cetro imperial; el otro, una patada en el hígado y una navaja en los riñones. Aún así, se estrecharon las manos.

-Las cosas se precipitan. Debimos tener esta conversación hace tiempo.

La voz de Huroff le hacía justicia, ronca, pero enérgica, profunda. Se sentó con el porte de un rey; Dragksy, con el de un mafioso.

-Lo sé, Beatitud, pero mis obligaciones me han mantenido ocupado. Espero que aún estemos a tiempo.

-Los acontecimientos se precipitan. Con la muerte de Carboni, los otros dos candidatos están reuniendo sus armas para la recta final, y no se detendrán ante nada. Hemos esperado demasiado tiempo.

Dragksy se mesó la espesa barba con una mano grande, cuadrada, con el dorso salpicado de pelos negros. De algún modo, esto acentuaba el efecto de sus mejillas hundidas.

-Es cierto. Con Venere había tres posibilidades, lo que creaba un equilibrio. Un equilibrio que ha resistido años. Ahora, sin embargo... es cara o cruz. Debe elegirse un Regente o todo lo que hemos construido durante siglos podría desaparecer en un parpadeo.

-Temo incluso una nueva guerra civil. Debemos evitar a toda costa que las cosas degeneren hasta ese punto. A toda costa.

-¿Qué sugiere Su Beatitud?

Ahora fue el turno de Huroff de mesarse los bigotes. Guardó silencio apenas un instante, pensativo.

-Estamos muy lejos de México, pero seguimos formando parte del Consistorio de la Espada de Caín. Tenemos el derecho de aconsejar y escoger al Regente, y el deber de apoyar a quien creamos que deba ocupar el puesto. Por supuesto, el Regente habrá de tener en cuenta a quienes lo han aupado a su lugar, aunque estén muy lejos.

Eli Dragsky asintió con la cabeza, escuetamente. Huroff no se andaba con rodeos: sabía lo que quería, y lo expresaba claramente. Después de todo, no se trataba de nada más que el clásico juego de influencias: dado que yo puedo influir en tu carrera, asegúrate de beneficiarme una vez estés allí.

-Sin duda alguna. Así pues, se impone escoger a quién prestamos nuestro apoyo: a Carlos VI, o a Szechényi Jolán. Nada más.

-Y nada menos. Hemos de considerar seriamente todas las implicaciones. Doy por supuesto que las consideraciones de clan quedan al margen. Ambos somos demasiado viejos.

-Totalmente de acuerdo. Me interesa más cómo puede ayudarnos... ayudar al Sabbat en Rusia un candidato, que quién le dio la Sangre. En ese sentido, Carlos VI es partidario de la Gran Yihad, y en estas noches, el Sabbat necesita un líder fuerte. Incluso San Petersburgo...

Huroff hizo un gesto seco, sutil, con la mano. Habían hablado ese asunto muchas veces, pero el Zar nunca encontraba el momento adecuado para apoderarse de la ciudad de adopción de Dragsky.

-Es una opción a considerar. Por otro lado, Carlos pretende reforzar el poder de la Inquisición, y, siendo el adalid de los Ultraconservadores, podría ser demasiado difícil de manejar, al verse a sí mismo en la cúspide de la jerarquía. En cambio, Jolán es partidaria de reforzar los poderes locales. Si nos apoya, es previsible que no se entrometerá en los asuntos de Rusia sin ser invitada.

-Aún así, no la considero una líder fuerte, y eso puede ser su perdición. La secta está polarizándose rápidamente: por eso necesitamos resolver la cuestión ya, antes de que sea demasiado tarde. Y en cuanto a Carlos, no creo que su brazo llegue tan lejos. Puede ordenarnos e insistir, pero ningún Regente tiene más autoridad de la que se le concede. Si se excede, solo conseguirá ponerse en ridículo.

-Eso es cierto... pero con la Inquisición a su favor, sería un poder a tener en cuenta. Deberíamos asegurarnos de que no la utilizará contra nosotros, si le damos nuestro apoyo. Quizá la principal ventaja de Carlos sean sus apoyos. No solo son diversos, sino que son poderosos: no en vano capitanea a los Ultraconservadores. Si nos alineamos en su bando, estaremos ganando aliados importantes, que podrían beneficiarnos aquí en Rusia.

Dragksy tamborileó con los dedos sobre el reposabrazos de la silla. Había estado pensando...

-Tengo entendido que Carlos comprende el valor del ganado como herramienta, Beatitud. Comprendo- añadió ante el gesto de repugnancia que esbozó el bigote de Huroff- que pueda resultar desagradable, pero lo cierto es que son útiles, y el candidato lo comprende. Yo mismo tengo influencia sobre las hermandades y clanes del crimen organizado y algunos negocios legales...

-¿Y qué importa eso?

-Jolán tiene algunos esclavos. Carlos tiene empresas, concejales y altos funcionarios. Incluso nosotros compramos, Beatitud. Si nos aliamos con Carlos, mis influencias mortales pueden ser un canal perfecto para las suyas. Dependería de nosotros- en realidad, quería decir "de mí"-, tendríamos un canal directo con él, y podría prestarnos ayuda en la lucha contra el enemigo.

-No me gusta admitirlo, pero es cierto. Nuestras tropas necesitan coches, armas y dinero para sobornar a los peones del enemigo. Lo que nos diferencia de los ducti es que nosotros sabemos que no basta con arrasarlo todo, de modo que, quizá, la alianza con Carlos pueda beneficiarnos en ese sentido.

Dragsky se acomodó en el asiento, cruzando las piernas. Su mirada era calculadora.

-¿Hemos decidido, entonces? Jolán no parece tener mucho que ofrecernos.

-No, pero dejémosla hablar. Hagamos nuestra oferta a Carlos, pero insinuemos a Jolán que las lealtades del clan son fuertes. Veamos qué nos ofrece cada uno, y entonces decidiremos. Pero primero Carlos VI.

-¿Y qué ofreceremos, Beatitud? ¿solo nuestro apoyo?

-El apoyo de Rusia- entonó solemnemente el Cardenal-. Dos votos en un Consistorio normal, y nuestra influencia sobre los Obispos y Arzobispos rusos. Y tus influencias mortales.

-Espero que sea suficiente...

Huroff apoyó los codos en los reposabrazos y unió los dedos frente al rostro, frunciendo el ceño. Meditó unos instantes, hasta que una sonrisa de lobo se dibujó bajo su rostro.

-Lo será. Prepárate para enviar a dos representantes a México, uno de tus Carniceros y uno de mis Paladines. Primero a Carlos VI, luego a Jolán. Que traigan la respuesta lo antes posible.

-¿Dos? ¿no bastaría con un único representante?

-No. Debe quedar claro, y fuera de toda duda, que estamos juntos en esto. Confía en mí.

Eli Dragsky tenía por norma desconfiar de quienquiera que dijese eso.
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Janos Narov
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Notapor Janos Narov el 09/02/2008, 04:45

Refugio de Casimir Prodan, Veszprém, Hungría. 2:14. 2 de Septiembre de 2004.

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Prodan siempre había creído en la austeridad. Incluso cuando se vio forzado a residir en Budapest, cuando aquel idiota de Ferenc le consiguió un piso de lujo en lugar de un simple lugar donde descansar como le había pedido, había estado quejándose y lamentando toda aquella decadencia occidental. Él pertenecía a una generación que había trabajado duro, que había sufrido y se había esforzado para salir desde la nada. No necesitaba joyas y brocados para sentirse superior. Todo lo que necesitaba estaba en su cerebro, y en su sangre.

Estaba revisando por enésima vez las carteras de inversiones. Desde niño, Prodan había tenido una mente prodigiosa para los números, y ya entonces había sentido pasión por la economía. Tanto en la vida como en la muerte, no le importaba tanto el tener, como el ser; tanto antes como ahora, las inversiones, el dinero y el poder solo eran una proyección de sí mismo. Lo que importaba no era tener, ni siquiera tener éxito, sino tan solo saberse mejor que los demás, saber que tenía el poder y la voluntad suficientes como para dar forma al mundo a su alrededor. En Veszprém, quizá, era donde el Sabbat más dinero hacía con los inconfesables asuntos mortales, que ningún Obispo ni antiguo quería reconocer, pero que todos practicaban. Y sin embargo, era el lugar cuyo Obispo menos lujos disfrutaba. Todo se reinvertía en la secta. No por altruismo, sino, simplemente, porque a Prodan no le importaban los beneficios más que por lo que pudiera hacer con ellos. Por ejemplo, comprar la lealtad de los Cainitas de la diócesis. Aunque incluso eso estaba fallando ahora.

Durante su ausencia en Budapest, el Obispo había dejado al cargo a Norbert Váci, otro de sus compañeros de cofradía, ya que el siempre fiel Dragomir lo había acompañado. Váci no era Dragomir; carecía de su lealtad perruna, y sobre todo de su fuerza física. Pero poseía otras cualidades, entre ellas, una extraordinaria habilidad como organizador y administrador. Ahora que Dragomir no estaba, Prodan tenía que servirse de Váci para suplir la mayoría de los funciones, y lo cierto es que no lo hacía mal. Para empezar, lo había informado del creciente descenso de la lealtad de los Sabbat de Veszprém, y había desarrollado, a indicación de Prodan, gran parte de la operación en curso para terminar con los focos de disidencia. Ah, el teléfono... ahí estaba.

-¿Diga?

-¿Excelencia? Soy Norbert.

-Lo sé. ¿Novedades?

-He hablado con los Devoradores. Álmos Koch partió al anochecer hacia Budapest, a entrevistarse con alguien. No les dijo con quien.

-¿Duda de ellos? ¿no confía en su alianza?

-No creo que se trate de eso. Pero parece una apuesta muy arriesgada, que quizá sólo ha compartido con los compañeros de cofradía.

-Entiendo. Que continúen trabajando con Deus Vult. Si consiguen enterarse de lo ocurrido en Budapest, que lo comuniquen de inmediato. Infórmame puntualmente de cualquier novedad.

-Como ordene.

Prodan colgó sin más. Se permitió una tenue sonrisa, a la tenue luz azul de la pantalla del televisor. Lo cierto es que no podía quejarse de sus agentes. Por el momento.
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Janos Narov
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Notapor Antonio Romero KALAKITO el 18/02/2008, 19:07

Chalet, exteriores de Amsterdam, Holanda-15:35 2 de Septiembre de 2004-03:42

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(http://www.youtube.com/watch?v=Dt77ZqE1bCA)

No pienses en el pecado. Es demasiado tarde para eso y hay gente a la que se paga por hacerlo. Deja que ellos piensen en el pecado. Tú naciste para ser pescador y el pez nació para ser pez. San Pablo era pescador, lo mismo que el padre del gran Di Maggio...No has matado al pez únicamente para vivir y vender para comer-pensó-. Lo mataste por orgullo y porque eres pescador. Lo amabas cuando estaba vivo y lo amabas después. Si lo amas, no es pecado matarlo.

El viejo y el mar, E. Hemingway


El pomo de la puerta cesó y se desenroscó de golpe, luego cayó contra el suelo de moqueta. La puerta se abrió ligeramente empujada por los nudillos de David Sacromonti. El cañon del silenciador fue el primero en asomarse. Del cuello del jersey negro nacía una poblada barba que rozaba timidamente el descuido. Una nariz ligeramente agileña y unos ojos con cierto tinte insano. De mediano tamaño, botas de campaña y unos vaqueros claros. Tras él entró Richard Brun Dulou, su físico era, quizas, más agresivo. Un rostro tallado a cincel plano, de buena mandibula y peinado cargado y poco estiloso. El típico peinado que condena una madre a su hijo hasta que este, empujado por la sangre caliente de la adolescencia, termina por afeitarse la cabeza y calzarse un piercing en la nariz. Solo que en este caso, este niño rozaba los sesenta y pico y pesaba unos noventa y muchos kilos de músculo y cebada.

Las luces de toda la casa estaban apagadas, y cuando cerraron la puerta tras de sí, la oscuridad más completa lo engulló todo de un bocado. Daba igual, lo habían ensallado muchas veces, en la cabeza de los dos mercenarios estaba impreso a fuego el plano de la casa. Avanzaba cada uno pegado a una pared, palpando con una mano la pared y con la otra sosteniendo la pistola. Primero a la izquierda, el salón, cruzarón el hall y llegaron a la puerta de la habitación. Dulou se quedó fuera, Sacromonti abrio la puerta con suavidad, avanzó hasta la cama y encendio la luz de la mesilla. La bombilla prendio el cuarto de una luz amarillenta. A la derecha dormía el objetivo, el juez Van Halen, roncando ligeramente. Su horonda tripa subía y bajaba a cada ronquido. Alzó la pistola y, sin suspirar, disparó dos tiros en el craneo y uno en el pecho. Con el segundo disparo, que sono como un silbido, la mujer del juez alzó la cabeza y solo pudo arrugar las cejas antes de recibir un tiro en la frente que disparó su cabeza contra la mesilla y haciendo desplomar su cuerpo al suelo.

David salio de la habitación, Dulou seguía ahí, pero la luz de la luna que entraba de la ventana de la habitación, iluminaba la terrible escena. Como dos peleles, los cuerpos de una niña y un niño que no sobrepasaban los diez años, abrían su cuello y cabeza para regar la moqueta de rojo. Los hijos del juez. Richard no miraba a los cadaveres, como si hubiesen perdido ya importancia, no eran un peligro. David Sacromonti hizó una ligera mueca, pero rapidamente se recomponio haciendo un gesto con la mano. Era el momento de irse.

Tren saliendo de la ciudad de Amsterdam--04:57

Sacromonti desplegaba sobre la mesa los periodicos europeos, Dulou perdía los ojos en la ventana que abria un paisaje nocturno. Sobre las literas las maletas. David apuntó con un dedo a una de las noticias y Richard asintio ligeramente, no hubo más palabras. Ninguno había hablado de los niños. Daños colaterales, pasaba. No estaba dentro de los planes, el objetivo era el juez y su mujer. Pero tampoco era un error, formaba parte de la casualidad. Eran profesionales y siempre tenían en cuenta lo inesperable. Lo que más preparaban y esperaban era lo inesperable. Llevaban trabajando hombro con hombro mucho tiempo. Los dos habían formado parte de las OAS de Argelia. Ahí habían aprendido que matar niños y mujeres era igual de facil que matar hombres, no había diferencia, solo tabus. Llevaban veinte años trabajando para un grande de los muelles de Marsella. Dinero, mujeres y droga. Tenían todo lo que necesitaban, y podían seguir haciendo lo que habían echo cuando eran jovenes. Uno nace siendo lo que es, y ellos lo tenían más que asumido. El movil resono, Richard contestó al segundo timbrazo. Eran de Marsella, había más trabajo.
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Notapor Thorgal el 01/03/2008, 00:16

Musica Recomendada

Pub “The Drunken Elf”, Belfast, 17:50 p.m.

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Patrick O’Brian se encontraba sentado en su alto taburete de siempre, degustando un whisky salido de su botella de costumbre (retocado con su petaca repleta de “la receta del abuelo”), y hablando con el viejo Finn, que tenía su vieja camisa a cuadros verdes con ya algunas manchas humedas de cerveza, debido a su mal beber, y su primo, John, cuya ultima pinta se acababa de derramar sobre la barra, haciendo que Mac, el camarero, se cabreara y se cagase en los muertos de su familia, y de paso en el joven William Cooley, quién era el causante de todo este barullo, el fornido y pelirrojo garou había bebido más de la cuenta, y aunque ellos tres no fuesen más que parientes, tenían bastantes más años que el y, por tanto, más experiencia frente a los concursos de bebidas que llevaban haciendo, desde que tenían quince años, en el bar de Mac.

El moreno camarero masculló algo sobre mil demonios y un palo por el culo a los jóvenes alocados y limpió la mesa, mientras los tres viejos amigos seguían hablando, al tiempo que Will, después de liarla, se iba a hablar con unos jóvenes que andaban sentados en una esquina del bar, cuando estuvo lo bastante lejos para no oirlos, el viejo Finn Brienner empezó con lo mismo de siempre.

- Joder, estos cachorros se creen que por poder ponerse a cuatro patas y lamerse las pelotas tienen derecho a desafiarnos a un concurso al viejo estilo.

- Calla ya Finn. Esta vez era su primo quién le respondía. Tu empezaste diciendo que era el Fianna menos macho del bar.

- Jeh… tan solo quería tocarle un poco la moral, ahora se lo pensará dos veces antes de venir aquí a hablarnos de los logros de su familia, si Will padre siguiera vivo…

- Si William siguiera vivo no tendrías lo que hay que tener para desafiar a su hijo, recuerda lo buen bebedor que era, y la mala hostia que se gastaba cuando alguien se metía con el o con su familia, eh, ven aquí chico.

Patrick puso su hombro en un niño de no más de doce años de edad, que se dirigía a la salida, donde otros chavales le esperaban para jugar, fuera del Pub, y lejos de aquella informal e improvisada reunion de parientes, que parecía más un concurso de bebida y batallitas que una reunión del clan garou, el muchacho, con su pelo rubio alborotado y sus avispados ojos, miró a Patrick y con dos o tres balbuceos le hizo entender que prefería estar fuera, jugando, a dentro del bar.

El parentela sonrió y le dijo a su sobrino que avisara a sus amigos y que entraran, que a cambio de escuchar una de sus batallitas les dejaría a todos probar la cerveza. El chico, animado por la curiosidad de saber por que encontrarían tan divertido los mayores ese liquido espumoso, salió y empezó a hablar con los otros dos amigos que le esperaban fuera, para convencerles de que entraran con los mayores.

- El puto Patrick O’Brian, invitando a los niños a su primera pinta, sus madres se te van a echar al cuello cuando lo sepan.

- Pero no tienen por qué saberlo, porque callarás tu puto culo como hace tu primo John siempre, y a cambio yo no te dejare tan roja la entrepierna a patadas como tu cara ahora mismo.

John, achispado por la bebida, al igual que su primo y su mejor amigo, rió tontamente, y mientras los chicos entraban dentro del local, pusieron sus ojos en William, quién ahora hacía un pulso con un tipo rubio, peludo, y muy, muy alto.

- ¿Veis a ese de ahí? Ese es William Cooley, hijo de William Cooley padre, quién a su vez era hijo de William Cooley el viejo, de quien se dice que ganó el nombre de un tipo que perdió una apuesta contra el, el viejo tenía los cojones donde hay que tenerlos, y su mala leche la heredo su hijo, de quién os va a seguir hablando Finn mientras voy un momento al baño.

- Bueno, pues William padre, cuyo retoño acaba de perder un pulso aquí delante, era uno de esos garou que hacen que tanto su tribu, como su clan, como la maldita Irlanda estén agradecidos de tenerlo cerca, no solo era la viva imagen de un tío curtido en mil batallas y que sabe lo que hay que hacer en cada momento, además era un bebedor de primera, y un estratega formidable, se dice que llegó a asaltar un nido de perdiciones con sus compañeros poniendo a prueba un plan que tenía para emboscarlos ¡que había ideado borracho por una apuesta! El muy cabrón tuvo éxito, y ganó la apuesta, además de hacer que el otro garou que lo había desafiado se rapase la coronilla.

- Exacto. Patrick había vuelto del baño. Era un garou con todas las de la ley, no como estos jovenzuelos, que tienen ideas locas y planes absurdos, y no hacen más que traer problemas al barrio y a nuestra vieja y tocada ciudad.

- Pero señor O’Brian, papá dice que chicos como William hijo y sus compañeros de manada son los que traerán la libertad a Irlanda, tan pronto como acaben con el clan de los “estirados” siempre lo dice.

- Chicos, la libertad no se conseguirá matandose con el clan de “los estirados”, cuyos miembros más jóvenes no son más que otros cabezas de chorlitos, solo que en lugar de luchar por irlanda luchán por los ingleses que están aquí, siempre es la misma mierda, y Belfast parece cada vez más un puto campo de batalla, nadie quiere vivir en según que zonas ya.

- Eso, dadle las gracias a que gente como William padre se esforzaba más en proteger su territorio y su tierra que en tirarle mierda al tejado de la calle de al lado, dile a tu padre que si tiene algún problema con como se hacían las cosas antes, que venga a decírselo a Finn, y ahora iros a jugar, y no os metáis en líos, anda.

- Ay, sois un puñado de viejas glorias sin remedio.

Mac, quien se había encargado sutilmente de apartar la cerveza que Patrick había comprado para los chicos, daba cuenta de ella ahora, y sonreía mientras los tres amigos alzaban sus cervezas y brindaban por William.

- Por William padre, y William el viejo, que fueron excelentes garou, y que tenían lo que hay que tener para ser un buen Irlandés y un buen guerrero.

- Y por William hijo, cojones, que está destinado a hacer cosas grandes, lo lleva en la sangre.

- Por los Cooley, que si todos los de este pub fuéramos como ellos, Irlanda sería un lugar muy diferente.
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Notapor Theodore S. Smith el 03/04/2008, 09:22

London City Airport, Londres, 09:36

DING

«Pasajeros del vuelo 261 de British Airlines pueden recoger su equipaje en la cinta E2»

Theodore suspiró.

Ahh, por fin en casa, en Londres, donde había nacido y crecido. El murmullo de la gente lo envolvía de una peculiar manera, como si un sordo escuchase por primera vez el ruido de la ciudad, los sonidos de aviones partiendo, la gente que arrastraba sus maletas, loscláxones de los taxis, las pequeñas ruedas del equipaje, todos los pequeños sonidos llegaban a sus oídos como una marea de sensaciones. Y no solo los ruidos y sonidos, también el olor de las hamburguesas y perritos calientes, sandwiches y jugos que vendían en los expendios de comida rápida, el olor del café por la mañana, los suaves contornos de su chaqueta afelpada, el manubrio de su pequeña maleta, los vivos colores de la ropa y adornos de la gente que pasaba a su alrededor, los rojos parecían más vivos y brillantes, los azules parecían salir del contorno y formar piruetas en el ligero aire frío, los amarillos tomaban vida.

Theodore se estiró.

Empezó a dirigirse a la puerta y compró un pequeño chocolate en un expendio, el sabor era increíble, era el mejor chocolate que había probado en su vida. Tomó un taxi.

— ¿A dónde le llevo?

Me lleva a Cheventon Rd., por favor.

— Claro, joven.

Joven. Algo en su interior soltó una simpática carcajada. Poco después habían llegado, el hogar de Theodore, en la calle Cheventon. Theodore le dio el dinero al chofer y bajó del taxi. Metió la llave en la ranura y giró para abrir la puerta, lenta y ruidosamente.

Era un asco.

«Pues bien, a limpiar.»

Levantó las sillas, barrió toda la casa, lavó los trastos sucios, sacudió para quitar todo el polvo, lavó el retrete, limpió las ventanas, tiró las agujas y sacó la basura, todo quedó en prefecto orden, limpio y con un aroma decente sin calcetines usados en la mesa o toallas húmedas encima del televisor.

NOC, NOC, NOC.

Estaban tocando la puerta. Era Harry.

¡Wow tío!

Hola Harry.

Joder, pensé que seguirías sumergido en tu mierda hasta la muerte, hace mucho que no te veo.

Pues ya ves que no.— Sonrío

En fin, tío. Todavía tengo de eso ¿Vas a querer?

No, tío, me desintoxiqué.

Harry soltó una carcajada.

No me jodas, tío, si estabas hasta las cejas de hero.

Y por eso lo dejé, no voy a querer.

Joder tío, entonces ya me piro, que no tengo nada que estar haciendo aquí.

Harry se fue molesto, azotó la puerta. Pero Theodore estaba rehabilitado. Y que lo estaba.
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Re: Mundo de Tinieblas: Europa

Notapor Janos Narov el 11/08/2008, 02:22

Refugio de Casimir Prodan, Veszprém, Hungría. 00:12, 23 de Diciembre de 2004.

Imagen

Casimir Prodan contemplaba sus anotaciones como quien contempla un tablero de ajedrez. Ahí tenía, en clave, a Deus Vult la cofradía de Cruzados cuyo líder, Álmos Koch, había intentado conspirar con Aniela para derrocarlo, y a los Devoradores, la manada que, supuestamente aliada con los Ventrue antitribu, en realidad le pasaba información a él. También tenía a la incógnita, hasta cierto punto, de los Jinetes Pálidos, que parecían decantarse por el status quo, más que apoyar a uno u otro bando. En el disperso hábitat de la Diócesis de Veszprém resultaba difícil mantener controlado a todo el mundo, pero el hecho de que no fueran siquiera una docena ayudaba bastante. El Obispo hizo una anotación más junto al nombre de Koch, meditando si debería soltar ya la trampa. Hacía meses que lo vigilaba y lo mantenía ocupado a través de los Devoradores, dándole falsas esperanzas. Al fin y al cabo, mientras estuviera siguiendo pistas que Prodan le proporcionaba, y haciendo lo que Prodan esperaba, no tendría tiempo para conspirar de modos que el Obispo no conociera y ganarle por la mano.

Una respetuosa llamada a la puerta llamó su atención. Prodan alzó la cabeza y dio paso con un seco gruñido. Echaba de menos a Dragomir, que se ocupaba de todo con la lealtad de un perro y sin siquiera pensar en preguntar. Norbert Váci, en cambio, el Cainita que ahora entraba en su austero despacho, era otra cosa. El Obispo no dudaba de su lealtad, ni de su eficiencia (después de todo, había dejado Veszprém en sus manos durante su aventura en Budapest), pero no era Dragomir. Prodan no le confiaba todos sus planes, ni todos sus secretos, absolutamente a nadie. Váci sabía lo que necesitaba, y nada más. Dragomir asentía y obedecía. Váci obedecía, pero... algo en sus ojos indicaba que tenía dudas, reservas. Deseaba saber más. Eso no era bueno, y Prodan no dejaba de pensar en el modo de solucionarlo. Pero probablemente no consiguiera nada mejor, de nadie. Esbirros como Dragomir no se encuentran fácilmente.

-Excelencia, ha llegado esto para usted.

Váci sostenía un fajo de papeles, aparentemente sacado del fax. El ceño en su rostro ancho y cetrino indicaba a Prodan que, seguramente, estaría en clave. A Norbert no le hacía ninguna gracia no poder leer los mensajes de su jefe, no porque fuera a pararse a espiar, sino simplemente por una cuestión de confianza. Le parecía que, si Prodan confiara en él y lo valorara como ayudante, como mínimo le enseñaría la clave, algo que no había ocurrido ni, por lo que respectaba al Obispo, ocurriría nunca. Prodan dejó los papeles sobre la mesa, añadió una anotación a su "tablero de ajedrez", como él lo llamaba, e hizo un gesto con la cabeza.

-Gracias, Norbert. Puedes irte.

-Eh... claro. Como ordene, Excelencia.

Váci cerró la puerta a su espalda con un portazo, y Prodan no pudo evitar una sonrisa condescendiente. Veamos qué nos dice el fax, pensó. Por el código de la primera línea, procedía de sus contactos en América. Frunció el ceño. Aquella gente ya lo había decepcionado una vez, cuando les pidió algo tan simple como cargarse a Lilian. Su agente en Budapest, fuera quien fuese, no solo había fracasado, sino que además había alertado de algún modo a La Quinta, y eso le había costado a Dragomir. No estaba nada contento con aquel grupito. De momento, le informaban de que su agente en la capital volvía a estar operativo y listo para actuar, a pesar del pequeño contratiempo que habían sufrido. El encargo de Lilian estaba cancelado, por supuesto (Prodan no podía exponerse a que volvieran a meter la pata y le implicaran de algún modo), pero igual aún podían serle útiles. No iba a confiar en ellos lo suficiente para encargarles ninguna tarea demasiado importante, pero siempre habría ciertas cosas, asuntos menores, de los que podrían ocuparse. De hecho, en la mente del Obispo empezaba a fraguarse un plan...
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Re: Mundo de Tinieblas: Europa

Notapor Thorgal el 02/09/2008, 15:06

Costa del Ferrol. Galicia. 24 de Diciembre de 2004. 04:30 am

Pedro tiene la costumbre de pasarse las noches en el timón pensando en sus cosas, el resto de la tripulación lo sabe, y no tienen la valentía necesaria para entrar en la cabina y provocar la ira del viejo. La soledad le ayuda a evitar las quejas y los comentarios del resto de la tripulación por la poca pesca, esa soledad y calma le permiten, también, concentrarse en sus quehaceres a la vez que se permite el lujo de imaginarse, mientras se aleja de la costa, que su meta es el horizonte, que algún día se perderá el solo con su viejo cacharro, y no volverá a ver la costa del Ferrol.

Quizás comience a navegar sin rumbo por el atlántico, perdiéndose en una noche estrellada y sin luna como la de hoy, el mar, y la bruma que lo cubre, se tragarían el barco lentamente y devolverían a Pedro al agua, de la que no se ha separado desde hace cincuenta años.

- ¡Toc toc!

Miguel entra en la cabina del timón, es joven, solo ha salido con Pedro y su tripulación un par de veces de pesca, y su entusiasmo y felicidad no han sido en esta última semana, en absoluto, contagiosas. Es lo que tiene una mala racha de pesca, Pedro tiene ganas de tirar hasta la última cara sonriente del barco por la borda.

- ¡Ostia Pedro! ¿Qué hora es ya?
- Cinco menos diez, aprovecha y sigue descansando, que en nada tendréis todos que levantaros.

El joven pescador sale de la cabina, dando un portazo, que hace que al viejo le caiga aun menos simpático de lo habitual. Pedro quiere que la noche nunca acabe, que la bruma se lo trague a el y a su odiada tripulación, quiere que algún Neptuno los castigue, con la muerte esta vez, en lugar de con una pesca ínfima.

Pasan segundos primero, minutos después, en los que pedro no ve más que el horizonte, y en los que tan solo oye el rumor del mar, y los leves zumbidos de la maquinaria del barco, todo esta en calma, absoluta y total.

- ¡Tío, tío! ¡Despierta! ¡Ivan Despierta! ¡Cagoendiós!

Miguel comienza a despertar a los pescadores, joven hijo de puta, cansino eterno, merecedor de una muerte lenta y dolorosa.

Vamos, señor de los mares, ten los cojones necesarios para hundir el barco, librame del sufrimiento de hacer esto día a día sin éxito alguno, ahoga mi espíritu entre tus aguas, y elimina a estos cabrones, inunda sus pulmones, vamos, ten cojones.

Una ola más grande de lo normal sacude el barco, y Pedro, casi por momentos, se cree que sus plegarias han tenido éxito. Pero nada más ocurre, el barco sigue avanzando en calma, y los primeros rayos de luz aparecen por el horizonte, acabando con las pocas estrellas que quedaban en el firmamento.

Poco a poco, el sol sale, y Pedro, al igual que cuando se despertó esta noche, y como cada amanecer, desea perderse en el horizonte un poquito más.
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Re: Mundo de Tinieblas: Europa

Notapor Janos Narov el 01/10/2008, 17:31

Finca Radisovik. Rajov, Ucrania. 25 de Diciembre de 2004.

Hay nieve en el campo
y los valles están helados,
y una profunda medianoche
se cierne sombría sobre el mundo;
pero una luz entrevista en las cumbres
revela festines profanos y antiguos.


H. P. Lovecraft, El Horror de Yule.


Diario de Yuri Radisovik. 23:16

Hoy es Navidad. No el nacimiento del dios crucificado, sino el principio del fin del invierno, el nacimiento del sol. El tío abuelo Feliks me ha contado que en la antigüedad celebráramos grandes fiestas, con hogueras y sacrificios, y los Antiguos venían a visitarnos al caer la noche para mezclarse con nosotros y beber de nuestras ofrendas y plantar su semilla en nosotros. Y forjaban nuestra carne con sus manos, disolviéndonos en el crisol de su sangre para hacernos más aptos a sus propósitos. En esas noches, nosotros perpetuábamos la semilla del Dragón en nuestra estirpe bajo la vigilante mirada de nuestros amos.

Estoy sentado en mi nueva habitación, en el ala sur. La mansión funciona con la precisión de un convento, o un campamento militar, y cada uno tiene su lugar. Los que no tienen la sangre, y los que no conocen los verdaderos secretos de la familia, en el ala oeste. Los que tienen parte de sangre Obertus, en el ala sur, y los de pura sangre, en el ala norte. Yo estaba en el ala oeste hasta hace solo unos días, en que el tío Feliks decretó que ya soy de la familia, al menos todo lo que permite la sangre impura de mi madre. Creo que fue el día más feliz de mi vida, más que el momento en que me licencié, más que cuando me declaré a Elisa (Elisa... ya nunca me acuerdo de ella. No es digna), más que nada que pueda recordar. Ahora soy de la familia.

Aquí, como en Sibiu, oigo ruidos extraños durante la noche, aullidos desgarradores que llegan desde las catacumbas bajo la casa. Pero ya he visto lo que los produce, lo he tocado y lo he sentido, y ya no me da miedo, ni me produce pesadillas. Ahora me acuna como una suave nana, como el sonido hipnótico del corazón de una madre para el feto que yace en su vientre. Aún tengo sueños... ya no los llamo pesadillas. Sueño con ríos de sangre, cúpulas doradas y bosques umbríos. Sueño con dragones y lobos, con carne retorcida y hueso expuesto, con una biblioteca tan grande que nadie podría sondearla en toda la eternidad, y una figura encapuchada que me guía por sus pasillos. A veces sueño con una voz profunda, pero susurrante, que me habla en una lengua que no entiendo durante toda la noche, y al despertar tengo la sensación de estar a punto de asir una enorme cantidad de conocimiento, una sabiduría que se me ha impartido durante la noche, pero que ni comprendo, ni soy capaz de recordar.

Hace casi nueve meses que no hablo inglés. Solo mantener este diario me ayuda a conservar la lengua que he usado toda mi vida, aunque tengo vagos recuerdos de una infancia en rumano. El tío Feliks solo habla conmigo en rumano, hasta que domine lo bastante el ucraniano, según dice. Aún así, sé que habla inglés (y alemán, y latín, y griego clásico y moderno, y ruso, y húngaro, y turco, y una docena de lenguas más), y me anima a escribir el diario para que no pierda esa lengua, de modo que, cuando vuelva a Estados Unidos, pueda comunicarme con los primos de allá. Sospecho que, a veces, entra en mi habitación para leerlo, pero no me ofende. Soy parte de la familia, y todos somos una misma carne y una sola sangre. No tengo nada que ocultar.

Las campanas de la iglesia están sonando. He de bajar. Esta noche recordaremos aquellos rituales de las noches antiguas; no comiendo pavo e intercambiando regalos como en la Navidad de los mortales, ese rebaño que mi nueva (mejor dicho, mi vieja, muy vieja) familia me ha enseñado a despreciar, sino ofrendando nuestra propia carne y sangre y nuestra semilla a los Dragones. Tío Feliks dice que ahora vienen raramente, que se han alejado del mundo, porque son metafísicamente distintos a la mera materia, aunque son señores de la carne, y ahora nos observan desde lejos. Aún así, a veces vienen. A veces llegan desde la oscuridad; tío Feliks ha asistido a una o dos ceremonias en las que los Antiguos han surgido de entre las sombras, lejos de las llamas y la luz de las hogueras, porque son criaturas de la oscuridad. Dice que no existe mayor bendición, excepto compartir su sangre y ser bendecido para siempre.

A través de mi ventana veo el metro y medio de nieve que cubre la finca. Mis parientes, cubiertos con sus abrigos oscuros, recorren esa llanura blanca en dirección a la colina pelada, donde tendrá lugar la ceremonia. Uno tras otro, luchando contra el viento cortante y la nieve, para teñir la nieve de rojo con la sangre del dragón. Me estremezco. La campana sigue sonando. Debo ir, me esperan. La sangre, como dijo la abuela, me llama, con más fuerza aún que las campanas.

Estoy en casa.
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Die Freiheit

Notapor Apfelbaum el 03/11/2009, 16:16

27 de Diciembre de 2004
Kölner Platz. Magdeburgo, Alemania. 0:20h.


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Herr Apfelbaum estaba totalmente absorto en sus pensamientos cuando detuvo su vista en sus manos. No tengo uñas, pensó. No soy un gato, a pesar de llevar ya cuatro vidas disfrutadas, o sufridas sería más adecuado. Hacía poco más de dos meses que había tomado aquella decisión, y todavía había momentos en que se preguntaba si había hecho lo que debía, aunque era de sobra consciente de que no tenía vuelta atrás. Lyon, París, Kiel, Hamburgo, Toledo y ahora, desde hacía menos de un mes, Magdeburgo, aunque con la esperanza puesta en regresar al norte de Alemania, de donde nunca debió ser relegado. Pensaba en todo ello día y noche, al despertarse y antes de descansar, su vida había cambiado y ahora era lo que muchos de sus enemigos le habían acusado tiempo atrás, cuando nada de realidad tenía. Las vueltas que da la vida.

En esas estaba, pensando en cuanto le había sucedido cuando sus hermanos de cofradía se sentaron junto a él en las incócomodas mesas de la preciosa terraza que daba al río y junto al que se observaba grandiosa la Catedral de Magdeburgo. Samuel Montcalm, Sergey Apfelbaum y Franz von Lothringen habían formado hacía apenas quince días "Die Freiheit": La libertad.

Pero... ¿qué es la libertad?

Poder

Poder hacer cosas; poder tomar decisiones; poder acertar y equivocarse; poder elegir aliados y enemigos; poder estar en un sitio o en otro. La libertad es, pues, la capacidad para comprobar lo que cada uno es y puede llegar a lograr, para bien o para mal, sin grilletes ni jaulas que decidan por ti. Eso es la libertad.

Respeto

Respeto a lo que cada uno quiere o piensa; respeto a como se quiere actuar en cada momento y a como actúan los demás, sin juicios ni prejuicios, ya sean legales o morales. En la libertad cada no debe ser responsable de sí mismo, pues nadie más que Dios es quién para erigirse en juez supremo de los demás. Eso es en realidad la libertad.

Confianza

Confianza en uno mismo y en los que le rodean; confianza para ser tú mismo, sin caretas ni disfraces ante el resto y en la intimidad, sin vergüenzas ni tabúes, sin miedo a ser rechazado o castigado. Confianza. Eso es la libertad.

La misma palabra con tres significados, la misma cofradía con tres seres distintos, pero en esencia, todo era lo mismo. En realidad todo es libertad y la libertad lo es todo.

Die Freiheit ist alles
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"Freiheit ist nur ein Wert, der weiß, erobern jeden Tag"
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